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AIRES DE ODIO DESDE EL NORTE

Tinta Verde

AIRES DE ODIO DESDE EL NORTE

AIRES DE ODIO DESDE EL NORTE

Los Derechos Humanos aún siguen siendo negados en distintas partes del mundo, parece de no creer que aún existan ataques racistas en Europa, esclavitud en África, y en el caso de América Latina, una fuerte criminalización al derecho a decidir de las mujeres.

Son muchos los países de la región Latinoamericana con restricciones severas sobre el derecho a decidir de las mujeres de interrumpir o no un embarazo.

¿Qué es la vida?, ¿quién la otorga?, ¿cuándo existe la conciencia?, ¿cuándo existe la persona?, ¿en qué momento se le confiere derechos?, ¿cuál es la relación entre la vida, la conciencia, la persona y los derechos? y ¿cómo se negocian los derechos entre entidades vivientes con características, necesidades y grados de subjetivación distintos?, estas son solo algunas de las preguntas que surgen cuando se menciona a el aborto.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto como “la interrupción del embarazo antes de las 22 semanas de gestación o antes que el feto alcance 500 gramos de peso, el cual puede ser espontáneo o inducido”.

Además, define el aborto inseguro como “un procedimiento para finalizar un embarazo no deseado realizado por personas que carecen de la capacidad necesaria o que se lleva a cabo en un entorno donde se carece de un estándar médico mínimo o ambos”. A pesar de las distintas posturas que rodean este tema, hay algo claro: el aborto es una realidad presente en la vida de las mujeres, quienes muchas veces se ven obligadas a recurrir a la clandestinidad y en condiciones de insalubridad.

Todos los Estados deberían cumplir con los compromisos adquiridos en los tratados internacionales y acuerdos globales relativos a derechos humanos; sin embargo, el mismo, constantemente, incumple sus mandatos.

Hace unos días se dio uno de los retrocesos más graves en la historia de un país del Continente Americano: La Corte Suprema de Estados Unidos eliminó el derecho constitucional al aborto sin restricciones durante el primer trimestre del embarazo. Esto es una decisión devastadora para millones de mujeres que ya empezaron a ser despojadas del derecho a decidir sobre sus cuerpos, y es que en Estados Unidos la disputa por los significados culturales en torno al aborto se sitúa en un contexto incierto y movedizo debido al actual ámbito político y legislativo antiaborto.

Esta discusión no se puede interpretar con premura ya que es un tema que no sólo involucra a un país, sino continentes enteros. Es en este punto donde surge una primera interrogante ¿Qué impacto tiene la dinámica política, social, económica y cultural de Estados Unidos en el resto de los países, especialmente en aquellos de la región Latinoamericana?

¿El país de la libertad?

Existe una arrasada capitalista que busca deshacer todo vestigio de humanidad a través de la creación de riquezas para un grupo minoritario. Comprender este modus operandi del capitalismo transnacional es una exigencia política urgente, especialmente en América Latina y el Caribe, región que históricamente ha sido instrumentalizada como patio trasero de los Estados Unidos.

Los gobiernos estadounidenses se han caracterizado por estar siempre rodeadas de polémicas, la administración de George W. Bush, por ejemplo, tuvo una retórica agresiva para con los derechos humanos, patrocinado golpes de Estado en América del Sur, negándose a firmar y ratificar los instrumentos multilaterales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que protegen los derechos humanos, entre otras.

Todo lo que hizo George W. Bush en ocho años, Donald Trump, el expresidente más reciente de EE. UU., lo termino de profundizar. De 2017 a 2021 Trump se encargó de cerrar definitivamente los espacios democráticos que se abrieron y ocuparon en América Latina y el Caribe, tratando de destruir hasta el mínimo aliento de progresismo, emancipación y antimperialismo. La Administración republicana a la que responde Trump y que se encuentra vigente en los espacios de toma de decisión de ese país, se han caracterizado por posicionar los discursos populista, nativista, racistas, xenófobos, misóginos y con marcada visión fascista.

Todas estas violencias impulsadas por la visión republicana estadounidense traspasan fronteras y se manifiestan de forma específica en América Latina: la violenta reacción antinmigrante, la obsesión con la construcción del muro fronterizo, el bloqueo económico a Cuba, la cruzada contra Venezuela y la prohibición a las mujeres de elegir sobre sus cuerpos son solo algunos ejemplos de esas arremetidas que buscan manipular, violentar, cambiar y transformar las reglas de las democracias representativas en Latinoamérica.

Roe vs Wade – Aborto sí, aborto no ¿eso lo decido yo?

En 1973 sucedieron varios eventos históricos en Estados Unidos que retumbaron en el resto de los países del mundo: se firma el acuerdo de “paz” que pone fin a la guerra de Vietnam, se lleva a cabo el Golpe de Estado en Chile que años después se sabría había sido promovido por EE. UU., entre otros. Pero el hecho más destacable de ese año fue el histórico fallo de la Corte Suprema Federal que estableció el aborto como un derecho constitucional.

Roe vs Wade es el nombre de la demanda que llevó a cabo la decisión de que el aborto es un derecho absoluto de todas las mujeres en su primer trimestre de embarazo. Jane Roe era el pseudónimo de Norma McCorvey, mujer soltera de 22 años quien estaba pasaba por una crisis de desempleo mientras atravesaba su tercer embarazo, Roe trato de abortar en Texas en 1969 y fue obligada a dar a luz a la vez que estaba en disputa con Henry Wade, el fiscal del Distrito de Dallas, Texas, a quién le correspondía aplicar la ley del estado que prohibía el aborto a excepción de que la vida de la madre estuviese en peligro y a quién Roe demando.

Una disputa sin precedentes azoto a EE. UU. en ese momento, las distintas posturas políticas e ideológicas se encontraban a flor de piel; Roe se encargó de hacerle saber a la Corte Suprema, a las y los estadounidense y al mundo entero, que la Ley de Texas violaba su derecho protegido por la constitución a la privacidad personal, y que la Constitución no reconocía el derecho de la mujer para decidir sobre su cuerpo. La discusión puso en aprietos a una corte con marcada tendencia conservadora, quién si tener más opción, acepto que la decisión de la mujer de abortar durante los primero tres meses de gestación depende únicamente de la mujer y su médico, y que esta debía equilibrarse entre los intereses del gobierno de proteger la salud de la mujer y “la posibilidad de vida humana”.

En la década de los noventa, Estados Unidos tenía leyes muy restrictivas respecto al aborto: era apenas legal en cuatro estados, pero la decisión de la corte, siendo que los derechos constitucionales están por encima de las leyes estatales, anulo la prohibición del aborto en todos los estados de ese país.

 La decisión de la Corte en ese año también incluyó que los estados tenían la libertad de establecer regulaciones que permitieran salvaguardar la vida de la mujer en el segundo trimestre, y proteger la vida del feto una vez entrada al tercer trimestre. 

Para la Corte estadounidense de la década de los noventa con especial tendencia conservadora, no fue fácil la decisión; existía un estira y afloja que parecía guiarse por posiciones ideológicas y no por evidencia científica.

 Aún así, el caso de Roe vs Wade estableció como constitucional que el valor de la privacidad individual protege el derecho de las mujeres a decidir sobre su fecundidad. Esto fue un gran avance para las mujeres de la década, y sería un precedente histórico para la lucha del movimiento feminista, considerando que ese mismo derecho ganado a la privacidad personal había sido negado históricamente.

Lo que no se nombra no existe

Los derechos sexuales y reproductivos han sido históricamente invisibilizados como derechos por sociedades enteras, desde la negación de las mujeres como sujetas políticas hasta estrictas prohibiciones para acceder a métodos anticonceptivos.

En la actualidad, en casi la mayoría de los países, existe una lucha constante para garantizar estos derechos, pero en 1973, cuando estalló el caso de Roe vs Wade en EE. UU., los derechos sexuales y reproductivos apenas y se podían considerar derechos humanos.

Por eso, la decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos en el caso de Roe vs Wade fue histórico y dejó tres precedentes importantes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres:

  1. El interés prioritario del Estado por proteger la salud de la mujer sobre el feto
  2. La afirmación del interés por el embrión como ciudadano a partir de su viabilidad de vida fuera del útero de la madre
  3. La consideración de la ciencia y la medicina como pilares fundamentales para sostener estas discusiones y no en base a criterios morales y religiosos.

Es importante destacar, que, si bien esta decisión fue un precedente histórico, enfrentó barreras estructurales que tampoco facilitaron a ciencia cierta el acceso a las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, aun cuando la decisión significaba que el ejercer el derecho al aborto recaía únicamente en las mujeres, fue justo eso una de las barreras, pues pocos estados adoptaron programas de salud publica para las personas de menores ingresos que garantizaran el acceso a un aborto seguro y gratuito.

Esto se debió a la resistencia de los sectores más conservadores y tradicionalistas de la sociedad, quienes también promulgaban el racismo y la negación de los derechos civiles, estos sectores vieron en la decisión de la Corte la oportunidad de reaccionar con todas sus fuerzas para asegurar que ninguna mujer pudiese elegir sobre sus cuerpos. 

Roe vs Wade, además de ser el hecho histórico propiamente dicho, también nos permitió identificar por primera vez ese funcionamiento de los discursos anti derechos que se forman alrededor de una sociedad; por un lado tenemos a ese círculo elitista económico y político que defiende sus posturas ideológicas con el fin de generar más poder o más riquezas económicas, o ambas; por otro lado esta ese núcleo de derecha religiosa que se asocian en organizaciones cívico religiosas que a lo largo de los años se han convertido en piezas fundamentales para la elaboración de discursos y estrategias de reconfiguración nacional y global desde la institucionalización de un discurso conservador basado en el odio.

Ahora, décadas después del Roe vs Wade, como valde de agua fría nos cae una verdad que desde la sombra veíamos crecer: la transformación de simples discursos de odio a una estrategia política/religiosa/dogmática que busca posicionarse dentro de cada estructura de los estados “democráticos”.

 Una serie de organizaciones de masa, vinculadas a la fe y dirigidas por ministros de culto, emergieron en una plataforma contra los derechos humanos, como el aborto y la diversidad sexual, y en pro de la mal llamada “familia tradicional”. Ejemplo de esto fue “La Mayoría Moral”, organización política de Estados Unidos de orientación ultraconservadora y fundamentalista cristiana, esta organización rechazo el concepto de cambio climático a favor de la defensa nacional y de Israel, organizaron campañas de registro de electores, con la participación de más de cien mil pastores evangélicos, sacerdotes católicos conservadores y rabinos ortodoxos; y definieron su misión como la promoción de una ciudadanía cristiana efectiva, para «estimular a los individuos e iglesias a hacer sentir su influencia en todos los niveles de gobierno.

Estas organizaciones, movimientos y sociedades enteras que promueven el odio desde discursos de amor son la amenaza actual, fungen como dispositivos normativos limitantes de los derechos humanos, y es a partir de ellos que naciones enteras han impulsado avalanchas legislativas que restringen el goce pleno de las garantías fundamentales que un ser humano debe tener.

El discurso teológico impulsado desde estos sectores es un problema que debe ser arrancado de raíz, de no ser así, se seguirán rigiendo sociedades enteras bajo el discurso de los valores del nacionalismo cristiano, que orienta a los fieles al éxito económico y a la responsabilidad individual y que considera a la pobreza y los pobres como producto de la voluntad divina y de la falta del esfuerzo, determinación y disciplina individuales.

Al seguir manteniendo como relevantes estos discursos conservadores religiosos, la reproducción y la sexualidad seguirán siendo campos muy vigilados e intervenidos por terceros que se creen con la potestad de decidir sobre el cuerpo y vida de las demás personas, concluyendo en lo que ya han venido haciendo: tomando el control del cuerpo, la salud y el desarrollo de la vida de la población total buscando posicionar en su lugar, esas premisas sociales androcéntricas incrustadas en los valores y la moralidad religiosa.

¿El fin?

No solo Estados Unidos enfrenta una ofensiva conservadora, todo el mundo está luchando contra lo mismo, desde Honduras en Centroamérica hasta Burkina Faso en África; la decisión de revocar la ley federal a favor del aborto en EE. UU. da paso a que cientos de gobiernos impulsados por los grupos conservadores retrocedan en los avances realizados en temas de derechos humanos y derechos de las mujeres.

Hoy más que nunca es necesario alzar las banderas de un movimiento en pro de los derechos humanos que sepa que puede ganarles la batalla a los sectores más conservadores. Toda la rabia e indignación debe manifestare en las calles, en los medios de comunicación, en todo espacio para que se sepa que nuestros derechos no son negociables.

Lo que se vive ahora en el mundo: las guerras, la negación de los derechos, la hambruna, la pobreza, son los resultados que se obtienen cuando los sectores más poderosos y conservadores toman el control. Por ahora estamos perdiendo, pero no debe ni puede seguir siendo así.

Es hora de que las bases se organicen y tomen el control de todo aquello que ya consideramos perdido.

“Nadie es más arrogante con las mujeres, más agresivo o desdeñoso, que el hombre que se preocupa por su virilidad” – Simone de Beauvoir

Flor Euceda

Tinta Verde es un proyecto formativo y divulgativo periodístico enfocado en tratar a profundidad la problemática que viven las mujeres de Honduras, y articular herramientas de comunicación para enfrentar la desinformación y manipulación informativa con sesgos machistas y discriminatorios que existe en el país.

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