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De la explotación a la sostenibilidad: el paso obligado

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De la explotación a la sostenibilidad: el paso obligado

Por: Lucky Medina


Cada vez que se ha tenido una reflexión sobre educación ambiental, la voluntad de análisis y reacción individual ha sido casi nula. Pero el tiempo obligado en casa nos está sirviendo para descubrir y prestar más atención a cómo las ciudades desaparecen con el humo cada verano, a sentir aún más grave la escasez de agua, las enfermedades respiratorias están de moda y son una señal de alerta, y las lluvias dejan inundaciones en los barrios y colonias más abandonadas.

Encerrados y encerradas es fácil ver las consecuencias, pero es necesario ver la causa: por falta de compromiso desde el Estado en Honduras hemos perdido más de 1.5 millones de hectáreas de bosques en menos de 50 años. Es necesario reconocer los errores históricos, y comenzar a planificar un país que genere calidad de vida en un ambiente saludable.

La acelerada degradación ambiental que sufrimos es consecuencia de imponer y profundizar el modelo extractivo en bosques y ríos, la primacía del uso de los recursos alrededor del capital -por encima de la población-, y una suma de malas prácticas en el manejo de desechos sólidos en hogares e industrias. Esto nos coloca como uno de los países más vulnerables ante los efectos del cambio climático.

 

Lo que hemos visto en el país en las pasadas décadas respecto a la deforestación en áreas protegidas naturales y zonas abastecedoras de agua es algo sin precedentes. A pesar de que todos estos espacios -que suman 3 millones de hectáreas-, cuentan con declaratorias legales que regulan o prohíben la presencia humana. Poca incidencia han tenido las declaratorias para lograr su conservación. Estos sitios, de alto valor ecológico y beneficios sociales, son constantemente amenazados por la tala ilegal, minería a cielo abierto, ganadería extensiva, incendios forestales, y proyectos que cambian el uso del suelo.


La sociedad reclama el aprovechamiento de los bosques, que bajo un buen manejo forestal debe aspirar a ser más productivo. Esta ciencia se ha encargado de mantener la cobertura forestal en más de un millón de hectáreas, pero la falta de innovación y aplicación de mejores prácticas han sido responsables de la disminución en la calidad de nuestros bosques. Otra deuda en esta cadena de producción es la ausencia de incentivos para la transformación de la madera, que genere empleo en las comunidades rurales, que le den valor agregado al producto, que permita descubrir talentos y compartir el conocimiento durante generaciones.

Podemos agregar otro gran problema ambiental, que comienza en las industrias y se reproduce desde los espacios más pequeños, es la contaminación por generación de desechos sólidos. Honduras produce 5 millones de kilogramos de basura cada día y desperdicia casi en su totalidad la oportunidad de reciclar. Básicamente la acumula en botaderos municipales a cielo abierto. Los actuales modelos de consumo no permiten presentarle soluciones a la ciudadanía para que, desde sus hogares o espacios comunitarios, comiencen a trabajar en reducir y reutilizar estos residuos.

Es necesario tomar una pausa para reflexionar y actuar, antes de que los efectos del cambio climático nos obliguen nuevamente a entrar en cuarentena aún más catastrófica que la que hoy vivimos. A nivel individual, familiar y comunitario, debemos repensar nuestra relación inmediata con el medio ambiente, y educarnos para crear espacios más sanos. Nos queda mucho por aprender sobre los derechos de la naturaleza, y para comenzar con ello, estamos en la obligación de voltear la mirada hacia las comunidades agroforestales del país que son un verdadero ejemplo de espacios sostenibles dignos de reproducir.

 

Los bosques deben ser comprendidos, principalmente, como generadores de bienes y servicios ecosistémicos para toda la sociedad. Es urgente crear los mecanismos que hagan efectiva una veda forestal en todos los espacios naturales que sea posible, y que permita restablecer las condiciones de captación de agua, el cuidado de la flora y fauna, la producción sostenible de alimentos, y la conservación de la belleza escénica.

El país es de vocación forestal en más de 80% del territorio, y precisamente por eso debe apuntar al bosque como un recurso estratégico para reducir la pobreza y la brecha de desigualdad. Los recursos naturales deben ser la base para tener una sociedad saludable, un territorio ordenado, la masiva generación de empleos permanentes, destacar el potencial ecoturístico, y aprovechar la oportunidad para tener una matriz de energías limpias a gran escala.

Somos la generación obligada a entender que los bienes comunes deben ser de beneficio común. Hay que asumir los compromisos ambientales a nuestro alcance, estar pendiente de las decisiones que afectan los recursos naturales, exigir un país que priorice la agenda ambiental, y organizarnos para poder responder ante cualquier injusticia que atente contra nuestro bienestar o el de las generaciones que aún no conocemos.

Las cosas pasan porque se hacen, no sólo porque se dicen. Hay que actuar.

Políticamente incorrectos Libertad Digital nace para denunciar los abusos, la corrupción y atropellos de los gobiernos de turno en Honduras y América Latina.

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