Seguinos

Matta Ballesteros el socio hondureño de Pablo Escobar

Honduras

Matta Ballesteros el socio hondureño de Pablo Escobar

En la mañana del 5 de abril de 1988, Juan Ramón Matta Ballesteros salió de su mansión en Tegucigalpa para ir a trotar. Matta Ballesteros era buscado por asesinato, narcotráfico y otros crímenes en varios países, pero en Honduras se sentía seguro. Solía organizar fiestas con altos funcionarios en su casa, y tenía conexiones con oficiales militares.  En sus negocios legales empleaba miles de hondureños, quienes lo honraban porque proveía medicinas, construía escuelas y hacía donaciones a causas benéficas. Se dice que una vez le ofreció al gobierno pagar la creciente deuda externa, ofrecimiento que al parecer por lo menos ni un político tomó en serio.

Matta Ballesteros también les había ayudado a los militares hondureños y a Estados Unidos en su lucha contra el comunismo en la región. Mediante una aerolínea que él había establecido, Estados Unidos enviaba suministros a los Contras, grupo contrarrevolucionario nicaragüense, debido a la guerra de poder de Washington contra el gobierno sandinista que había tomado el poder tras derrocar en 1979 a la dictadura corrupta de Nicaragua, que era apoyada por Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos le hacía pagos a su aerolínea por la ayuda prestada, a pesar de que la propia Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus iniciales en inglés) había clasificado a Matta Ballesteros en la Categoría I de los “transgresores de la DEA”.

Cuando Matta Ballesteros regresó de trotar, descubrió con sorpresa que lo estaban esperando militares y policías hondureños, así como cuatro mariscales. Un mariscal estadounidense que estaba en el lugar dijo que Matta Ballesteros intentó huir pero fue capturado. Se presentó un forcejeo. “Durante el forcejeo, tanto Matta Ballesteros como los oficiales hondureños lanzaron puñetazos y patadas”, escribió más adelante el mariscal en una declaración juramentada. “De repente vi que Matta Ballesteros había sido derribado al suelo, en un intento por detenerlo”.

autoridades hondureñas finalmente acorralaron a Matta Ballesteros cerca del vehículo que el mariscal conducía, lo esposaron, pusieron una capucha negra sobre su cabeza y lo obligaron a entrar al coche. Matta Ballesteros siguió forcejeando, pidiendo misericordia y pateando la puerta del coche, que ya había sido cerrada. “No me hagan esto, por favor”, gritaba. “No me entreguen a los gringos”.

Matta Ballesteros tenía razón de estar preocupado. En Honduras podía ser un hombre altamente influyente, pero Estados Unidos lo requería por la muerte de un agente de la DEA en México, y allí enfrentaría la pena de muerte. “Yo no tuve nada que ver con eso”, gritaba, probablemente refiriéndose a la muerte del agente. “Déjenme ver a mis hijos por última vez. Ellos me van a matar”.

En el carro del mariscal había dos policías hondureños y un escolta militar, quienes condujeron a Matta Ballesteros a una base de la fuerza aérea hondureña a una hora de distancia. Allí las autoridades de Estados Unidos y Honduras lo embarcaron en un avión y lo llevaron a República Dominicana. Menos de 24 horas más tarde se encontraba en una prisión de Estados Unidos enfrentando cargos de secuestro, asesinato y narcotráfico.

Cuando apareció la noticia del extraordinario sometimiento de Matta Ballesteros, Honduras entró en conmoción. El ejército guardó silencio en cuanto al arresto y el presidente habló de “expulsar” al supuesto asesino y narcotraficante.  Pero el 6 de abril, unos 300 manifestantes marcharon hacia el centro de Tegucigalpa; esa noche, varios estudiantes quemaron una bandera de Estados Unidos y una copia de la Constitución hondureña frente al Congreso.  Varios congresistas y juristas reprocharon a los militares y la policía por el “secuestro”, así como a los tribunales que ordenaron la búsqueda y confiscación de las propiedades de Matta Ballesteros. El 8 de abril, al menos mil manifestantes marcharon hacia la embajada de Estados Unidos.12  En el alboroto que siguió, un anexo de la embajada de Estados Unidos fue incendiado, así como unos 20 vehículos; se hicieron varios disparos y murieron cinco personas. Días después los medios de comunicación reportaron que esas habían sido “las protestas más violentas contra EUA en Latinoamérica”.

El incidente en la embajada fue la culminación de una retorcida y sanguinaria relación entre Matta Ballesteros, el ejército y el gobierno de Estados Unidos. Relación que se encuentra en la base de un fenómeno muy importante en Honduras, que implica el desarrollo de una élite relativamente nueva. Este grupo no hacía parte de las élites tradicionales o transnacionales que por largo tiempo habían controlado los recursos económicos del país y dirigido sus riendas políticas. Por el contrario, surgió de las fuerzas armadas, una institución tradicionalmente considerada como músculo de la élite, y no como su cerebro. Y aquí es donde debemos empezar esta historia. 

Matta Ballesteros: una vida de crimen

La historia de Matta Ballesteros está plagada de versiones confusas y contradictorias. Según él mismo, nació en Tegucigalpa en 1945 y fue el segundo de cuatro hermanos. Algunos dicen que era un ratero indigente; otros dicen que pedía dinero en los autobuses. Fuentes consultadas para este reporte y que solicitaron el anonimato, indican que los antecedentes más conocidos de la vida criminal de Matta Ballesteros se remontan a inicios de los años 70 en la colonia “Soto” de Comayagüela,  Distrito Central de Honduras. Para entonces, en  ese popular barrio se forjaban los grandes expendedores de marihuana y a la edad de 24 o 25 años ya se le ubicaba a Matta Ballesteros como el vendedor de drogas más poderoso e influyente del lugar.

Recuerdo que lo conocíamos como el ‘pusher man’ porque en ese tiempo era una de las canciones que mas pegaba”, un TK explicó a InSight Crime. “Era un himno para muchos amigos del barrio que se dedicaban a la venta de marihuana y todo mundo sabía que Matta era el mejor haciendo eso.  Vivía en la casa que estaba colindando el cementerio y todo mundo sabía que “andaba en la moña”. Ya para entonces en su casa se veían filas de gente pobre que llegaban a pedirle dinero, regalos, de todo!. Todo el mundo lo quería y ciertamente desde joven ya lo veían como un benefactor.  Pero también ya para ese tiempo se veía  que “la bola” (policía antidrogas) entraba y salía de su casa con paquetes de todo tipo y de todo tamaño”.

Finalmente, Matta Ballesteros logró llegar a México y luego a Estados Unidos, donde al parecer trabajó como jornalero en Texas y como empleado de un supermercado en la ciudad de Nueva York. De pronto se conectó con grupos que se dedicaban al contrabando y al tráfico de drogas ilegales. A finales de los sesenta, la red se extendió a Washington DC, donde un ex agente de la DEA afirmó que lo había detenido en 1969, cargando 50 kilos de cocaína en el aeropuerto internacional de Dulles. Otra versión dice que fue detenido en Dulles en 1970, con 24,5 kilos de cocaína. En todo caso, evadió los cargos de tráfico de drogas y fue condenado por violaciones a la inmigración.

Las autoridades estadounidenses recluyeron a Matta Ballesteros en la Base Aérea Eglin en Florida, pero él escapó y regresó a México, donde comenzó a tener un increíble poder dentro del hampa y cumplió un papel clave en el comercio de cocaína. Aunque fue detenido en al menos dos ocasiones más en los años setenta en México, logró conseguir su libertad y establecer relaciones aún más profundas con el creciente mundo criminal mexicano. Durante este período, al parecer conoció a Alberto Sicilia Falcan, un traficante cubano que vivía en México, y a Miguel Félix Gallardo, mexicano proveniente de la famosa provincia de Sinaloa, que se encontraba construyendo lo que se conocería como el Cartel de Guadalajara. Matta Ballesteros también llegó a Colombia, donde se conectó con quienes estaban conformando lo que se conocería como el Cartel de Medellín.

Pronto se convirtió en un importante negociante de todo tipo de mercancías, desde cocaína hasta piedras preciosas y armas para Estados Unidos. Conectó a las hampas mexicanas y colombianas, proporcionando un puente vital por Centroamérica para el transporte de cocaína. Las conectó además con su país natal, donde llegó a ser parte de una empresa de contrabando de esmeraldas, cocaína y armas dirigida por María y Mario Ferrari. Y más adelante conectó a la CIA con su ejército apodado en Nicaragua, como los Contras.

La red de tráfico de esmeraldas se extendía desde Colombia hasta México, y por un tiempo el negocio fue bueno. Además de traficar mercancías ilegales hacia el norte, Matta Ballesteros y Mario Ferrari eran propietarios de una discoteca. Los Ferrari operaban con impunidad gracias a sus conexiones militares. Poseían una concesionaria de automóviles y una empresa cervecera ubicada en una propiedad del director de la Prisión Central, el coronel militar Ramón Reyes Sánchez.

La red de los Ferrari fue, al parecer, la primera conexión directa de Matta Ballesteros con los militares hondureños. Los militares se aseguraban de que sus socios traficantes no fueron enjuiciados y facilitaban su paso por aeropuertos, fronteras y aduanas, que eran controladas por el ejército en ese momento. Como lo detallan Julie Marie Bunck y Michael Ross Fowler en “Bullets, Bribes and Intimidation” ["Balas, sobornos e intimidación”], cuando Matta Ballesteros quería que, por ejemplo, se destruyeran sus antecedentes judiciales y las investigaciones contra él, acudía a los Ferrari.

En determinado momento surgió un conflicto entre los Ferrari y Matta Ballesteros. Algunas fuentes dicen que la disputa fue por un acuerdo sobre drogas en el que Matta Ballesteros sentía que había sido estafado. En diciembre de 1977, secuaces de Matta Ballesteros secuestraron a los Ferrari y los llevaron a Colombia, donde Matta Ballesteros supervisó personalmente su tortura, según testificó más tarde uno de los asesinos; luego fueron llevados de nuevo a Honduras y ultimados, dijo el mismo asesino. Seis meses más tarde, los cuerpos de los Ferrari fueron encontrados en un pozo en una finca en las afueras de Tegucigalpa.

Informes posteriores de los periódicos El Tiempo y La Prensa sobre los asesinatos de los Ferrari —así como una crónica elaborada por la periodista Thelma Mejía para Transnational Institute—  hallaron que hubo un grupo de colaboradores militares en el crimen y comenzaron un lento proceso que puso en evidencia la complicidad de los militares en el tráfico de drogas y en operaciones de contrabando por todo el país. Entre estos colaboradores se encontraba el ya mencionado coronel Reyes Sánchez; el coronel Leonidas Torres Arias, jefe del servicio de inteligencia “G2” (el equivalente de la CIA); el teniente coronel Juan Ángel Barahona, jefe de Interpol; y el coronel Armando Calidonio, miembro de la Dirección Nacional de Investigación (DNI), una unidad especial de investigaciones (y padre de Armando Calidonio Alvarado, futuro diputado por el Partido Nacional y luego electo alcalde de San Pedro Sula en el 2013).

De los implicados en el asesinato, el coronel Torres Arias merece mención especial. El Tiempo dijo que el asesinato fue planeado desde la oficina de inteligencia de Torres Arias en el G2 junto con Matta Ballesteros. Pero la participación de Torres Arias en las operaciones de Matta Ballesteros parece haber ido mucho más allá de ayudar a aniquilar a sus rivales. El coronel también fue el mediador para los contactos oficiales en otros países, en particular con un coronel panameño llamado Manuel Noriega. Los dos coroneles se conectaron a finales de los años setenta, según José Blandón, un exfuncionario panameño que trabajó para Noriega y testificó ante el Congreso de Estados Unidos en la década de los ochenta.44  (Noriega se convertiría más tarde en un dictador militar, que gobernó a Panamá entre 1983 y 1989, tiempo durante el cual facilitó el transporte ilegal de drogas a Estados Unidos y preparó el terreno para la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989). Torres Arias fue inicialmente apoyado por la CIA, que se hizo la de la vista gorda frente a su participación en el narcotráfico debido a sus fuertes creencias anticomunistas.

En otras palabras, Torres Arias fue el agente clave que le proporcionó a Matta Ballesteros un camino hacia la élite burocrática militar en Honduras (y Panamá). Aunque fue expulsado de su cargo tras revelaciones de que mantuvo reuniones secretas con el fin de conseguir armas ilegales para los rebeldes salvadoreños, se cree que Torres Arias fue cercano al hampa durante años después de salir del ejército,45  proporcionando estrechos vínculos entre Matta Ballesteros y cuerpos oficiales del ejército hondureño en la década de los ochenta.

A pesar de varias declaraciones públicas que relacionaban a los militares con el crimen, no hubo condenas para ninguno de los supuestos conspiradores del asesinato de los Ferrari. Las declaraciones más conocidas vinieron del jefe de la Interpol Juan Ángel Barahona, quien, después de haber sido vinculado públicamente con el crimen, implicó a los militares en actividades de narcotráfico y en el asesinato de los Ferrari, diciendo que “muchas estrellas” habían sido implicadas —una referencia a las insignias de los oficiales de más alto rango en las fuerzas armadas—. También dijo que el jefe de las fuerzas armadas en aquel momento, el general Policarpo Paz García, había ocultado grabaciones y documentos que conectaban a altos funcionarios militares con el narcotráfico.46  Barahona fue posteriormente detenido por calumnia, puesto en confinamiento solitario y sin posibilidad de acceder a su abogado.47 

El padre de Mario Ferrari escribió una carta al diario El Tiempo, en la que decía que su hijo había trabajado estrechamente con las autoridades militares y que ellas eran responsables de su muerte. Pero en los años que siguieron el gobierno detuvo la investigación, y finalmente la clausuró; los oficiales militares implicados nunca fueron acusados. Matta Ballesteros huyó, y permaneció sobre todo en España en los años siguientes. Finalmente fue absuelto de los cargos de asesinato, después de entregarse a las autoridades algunos años más tarde.

El gobierno también ordenó un informe interno sobre el tema, que no encontró ninguna mala actuación por parte de los militares. La oficina de prensa del ejército escribió: “Ningún oficial en servicio dentro del instituto armado ha estado involucrado en los crímenes de tráfico de drogas y estupefacientes, en el caso de los esposos Ferrari, ni en los hechos de sangre sobre los que profesamente ha informado la prensa”. Irónicamente, en el mismo comunicado la oficina de prensa admitió que “algunos miembros de las Fuerzas Armadas pudieron haber cometido irregularidades en el desempeño de sus funciones, por acción o por omisión”.

Matta Ballesteros, el ejército y la CIA

El tráfico de drogas continuó y, según muchos informes, aumentó en los años después de los asesinatos de los Ferrari. Algunos decían que ello se debía a las conexiones que se generaron en los años setenta entre narcotraficantes y altos rangos del ejército, incluyendo los supuestos vínculos de Matta Ballesteros con el jefe de las fuerzas armadas, el general Paz García. Este último se convirtió en jefe de Estado tras el llamado “golpe de cocaína” en 1978, que Matta Ballesteros supuestamente ayudó a financiar.51  No hay ningún documento oficial que respalde esta afirmación, pero el interlocutor clave entre Matta Ballesteros y los militares, Torres Arias, permaneció en servicio durante toda la administración de Paz Garcia.52  

El modus operandi para el transporte de drogas ilegales era similar al de hoy. Los cargamentos de marihuana y cocaína se transportaban a través de aguas hondureñas, donde “naves madre” colombianas los descargaban en barcos camaroneros hondureños, para luego seguir su viaje hacia Estados Unidos por mar, aire o tierra.53  Esto ocurría con el conocimiento y la complicidad de la armada hondureña, según el testimonio de un agente de la DEA en 1986.54  Este agente dijo que cuando él le notificaba a la marina sobre alguna actividad sospechosa, los funcionarios se demoraban en actuar o decían que no tenían combustible para perseguir a los traficantes. Y añadió que Torres Arias, jefe de los servicios de inteligencia, estuvo implicado en el tráfico de drogas. “Era difícil llevar a cabo investigaciones y esperar a que las autoridades hondureñas ayudaran a hacer las detenciones cuando era a ellas a quienes estábamos tratando de investigar”, dijo el agente de la DEA.55 

Estas actividades de narcotráfico también ocurrían con el visto bueno de funcionarios de inteligencia de Estados Unidos que en ese momento se encontraban involucrados en una guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Esta guerra, y la lucha contra el comunismo en general, eran prioritarias para Estados Unidos, que por lo tanto permitía la circulación de drogas hacia el norte y de armas y suministros hacia el sur, a menudo bajo la supervisión de Matta Ballesteros y sus aliados militares. Blandón, por ejemplo, dijo que hacia la década de los ochenta Torres Arias y Noriega participaban en el negocio de las drogas y traficaban armas, muchas de ellas para los insurgentes salvadoreños. Y agregó que las mismas pistas de aterrizaje clandestinas en Honduras utilizadas por aviones que llevaban armas al ejército financiado por Estados Unidos y conocido como los Contras, también se usaban para el tráfico de estupefacientes.

En el centro de la ayuda estadounidense a los Contras estaba SETCO, una aerolínea que Matta Ballesteros estableció en Tegucigalpa. SETCO conectaba a Matta Ballesteros con los militares hondureños y el gobierno de Estados Unidos, que utilizaba la aerolínea para llevar suministros a los Contras a lo largo de la frontera de Honduras y Nicaragua en la década de los ochenta. Los registros muestran que el Departamento de Estado le pagó US$185,924.25 a SETCO entre enero y agosto de 1986.57 

“A principios de 1984, SETCO era la principal empresa usada por los Contras en Honduras para transportar insumos y personal para la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), una facción de los Contras, haciendo al menos un millón de entregas de municiones, alimentos, uniformes y otros suministros militares para los Contras entre 1983 y 1985”, según consta en el informe Kerry, que lleva el nombre del entonces senador y actualmente secretario de Estado John Kerry, quien dirigió la investigación del Comité de Relaciones Exteriores del Senado sobre el apoyo de Estados Unidos a los Contras.58 

Matta Ballesteros también utilizaba la aerolínea para llevar drogas hacia el norte, a sus socios en México. El informe añade que otras agencias de Estados Unidos sabían del rol de SETCO en el tráfico de drogas. “Un informe investigativo de la aduana en 1983 señala que ‘SETCO significa Servicios Ejecutivos Turistas Commander y es dirigido por Juan Ramón Mata [s[sic]allesteros, un transgresor Clase I de la DEA’”, dice el informe Kerry. “Según la Agencia Antidrogas [s[sic]La aerolínea SETCO es una sociedad formada por negociantes americanos que tienen tratos con Matta y trafican narcóticos a Estados Unidos´”.

Estos contactos les proporcionaron considerable protección a Matta Ballesteros y a sus aliados militares mientras traficaban cocaína y marihuana a Estados Unidos. También les permitieron fortalecer sus contactos con el ejército hondureño, que estaba creciendo con la ayuda de Estados Unidos. La prioridad de la CIA era clara: mantener a los Contras a flote a cualquier precio. Para mencionar un solo ejemplo, el agente de la DEA que había trabajado en Honduras dijo que le contó a Estados Unidos sobre la participación de Torres Arias en el narcotráfico, pero que el coronel seguía siendo un aliado de Estados Unidos durante este período.59  La oficina de la DEA en Honduras fue cerrada en 1983 por “razones presupuestarias”.60 

“En lugar de actuar decididamente para acabar con el narcotráfico intensificando la presencia de la DEA en el país y usando la ayuda que Estados Unidos les ofrecía a los hondureños como apoyo, Estados Unidos cerró la oficina de la DEA en Tegucigalpa y pareció haber ignorado el asunto”, se lee en el informe Kerry.61 

La ayuda de Estados Unidos también pareció envalentonar a ciertos sectores de los militares hondureños. En 1984, el FBI incautó un cargamento de cocaína por valor de US$40 millones en una pista de aterrizaje al sur de Florida. El FBI dijo que el dinero iba a ser utilizado en un complot para asesinar al entonces presidente de Honduras, Roberto Suazo Córdova. Un hombre fue detenido en Estados Unidos, y el agregado militar de Honduras en Chile fue implicado y extraditado a Estados Unidos para enfrentar cargos relacionados con el caso. Sin embargo, altos funcionarios de inteligencia de Estados Unidos intervinieron en su favor —aparentemente por los “servicios” prestados a Estados Unidos en la guerra declarada a los Contra— y lograron reducir su condena a cinco años en la prisión de la base aérea de Eglin. El otro sospechoso fue condenado a 30 años en una cárcel de Estados Unidos por su participación en el caso.62 

“Parece que un factor apremiante en las relaciones entre Estados Unidos y Honduras era el apoyo a la política estadounidense en la región, sobre todo el apoyo a la guerra contra los Contras”, agregó la Comisión Kerry en su mordaz evaluación del tema. “Mientras el gobierno de Honduras ofreciera apoyo, los demás temas eran de importancia secundaria”.63 

Estos temas generaron dudas alrededor de las actividades de Matta Ballesteros, quien hacia mediados de la década de los ochenta era uno de los narcotraficantes más importantes en el hemisferio. Con aliados en Colombia y México, así como con un grupo de altos oficiales militares hondureños y de la CIA que protegían sus negocios ilícitos, Matta Ballesteros parecía relativamente intocable. En particular, sus conexiones con el servicio hondureño de inteligencia militar, o G2, parecían de gran alcance. Según un exmiembro del servicio diplomático, el G2 solicitó un pasaporte para Matta Ballesteros en 1982. “Me aboqué al entonces canciller… para consultarle el caso”, explicó el exdiplomático. “Éste vino e hizo unas aproximaciones y recuerdo encogió sus hombros y nos dijo: dénselo, es una petición de alto nivel y es parte de negociaciones que desconozco”.64 

El asesinato de un agente, el final de una relación

En 1985 todo cambió para Matta Ballesteros, cuando el Cartel de Guadalajara, enfurecido por el éxito de la DEA en el decomiso de grandes extensiones de sus cultivos de marihuana en México y en los envíos de cocaína a Estados Unidos,65  secuestraron y mataron66 a Enrique Camarena, un agente de la DEA. El asesinato de Camarena se dio lentamente. Un año después de su muerte, las autoridades mexicanas entregaron varias horas de grabaciones de audio de una sesión de tortura del agente y su piloto, quien también fue asesinado.  En las grabaciones, Camarena gime de dolor y ruega por su vida, mientras que entrega información confidencial acerca de informantes de la DEA y otros agentes.67  “Con la paliza que me has dado, ¿crees que te voy a mentir?”, les preguntaba a sus interrogadores.

Camarena y su piloto fueron encontrados enterrados en un campo de Guadalajara, junto con otros cuerpos.68 

Luego de la muerte de Camarena, el gobierno estadounidense comenzó una búsqueda implacable de justicia. En los años siguientes, numerosos miembros y líderes del Cartel de Guadalajara fueron detenidos y condenados en México. Otros fueron atrapados en México y llevados ilegalmente a Estados Unidos para ser juzgados allí. El mismo Matta Ballesteros fue detenido en Colombia en 1986, pero, con ayuda del Cartel de Medellín,69  escapó y logró regresar a Honduras, donde se sentía protegido por su vasta red y por su riqueza.

Al principio, esta protección fue abundante. Matta Ballesteros era una figura pública en Honduras, igual de conocido como empresario y filántropo como narcotraficante. Se dice que tenía plantaciones de café, tabaco y especias, así como lecherías y tierras dedicadas a la ganadería en Honduras; fundó además empresas de construcción y agroindustriales.70  Construyó escuelas, y en sus negocios se emplearon por lo menos 4.000 personas.71  Daba dinero en efectivo en la puerta de su casa y solía llamar a las farmacias para garantizar medicinas para los enfermos.72  Se dice también que alguna vez ofreció US$25.000 durante un Teletón; su ofrecimiento fue rechazado, pero de todas formas despertó simpatías.73  Fue, según varias fuentes militares consultadas para este estudio, humilde y sencillo —el tipo de persona que disfrutaba comiendo en la cocina con sus cocineras—.

Matta Ballesteros también ejerció una influencia política significativa. Organizaba fiestas en su mansión, donde supuestamente recibía a políticos, militares y al entonces jefe de policía de Honduras.74  En cierto momento, como su socio Pablo Escobar lo había hecho en Colombia, ofreció públicamente pagar la deuda externa del país. Los funcionarios hondureños pensaron que la oferta podría haber sido más que simbólica, y en 1986, el entonces ministro de finanzas, Reginaldo Panting, consideró que el dinero de Matta Ballesteros “sería bien recibido en nuestro país, ya que nos ayudaría a mejorar nuestra balanza de pagos”.

Los comentarios sobre la deuda externa ofrecen una mirada a la mentalidad de los gobernantes hondureños con respecto al capital ilícito. Honduras era una economía de enclave, dependiente del capital extranjero para su crecimiento y desarrollo económico. Esto se intensificó en los años ochenta, cuando, dado que las exportaciones tradicionales disminuyeron, el país se inclinó por la ayuda de Estados Unidos y más tarde por la de los bancos multilaterales. Visto desde esta perspectiva, el capital ganado en el extranjero por Matta Ballesteros encaja bien en el modelo económico de Honduras. Él era, en cierto modo, un nuevo empresario que podría facilitar inversión extranjera directa y ofrecer miles de puestos de trabajo. Al contrario de lo que ocurrió con Escobar, su generosidad fue agradecida públicamente.

Sin embargo, el cerco pronto se cerró alrededor de Matta Ballesteros. Ello se debió en parte a su implicación en el caso Camarena. Pero también se debió al cambio de política interna de Estados Unidos. En los años ochenta, Estados Unidos padecía una oleada de violencia, parte de la cual estaba relacionada con el aumento del consumo interno de drogas y el tráfico de drogas al interior de las ciudades. Para los políticos y funcionarios del gobierno estadounidense, traficantes extranjeros como Escobar y Matta Ballesteros eran siempre chivos expiatorios convenientes. Con el tiempo, estos temores incluso remplazaron la amenaza comunista y llevaron al derrocamiento y encarcelamiento de uno de los muchos socios regionales de Matta Ballesteros y Escobar, el gobernante militar panameño Manuel Noriega.

A principios de 1988, el gobierno de Estados Unidos discutía abiertamente el caso de Matta Ballesteros y sus nexos con militares de alto rango hondureños. Entre ellos se encontraba quien por mucho tiempo fue su conexión con las fuerzas armadas, el exjefe de inteligencia Torres Arias, quien había regresado a Honduras en 1987, poco más de un año después del arribo de Matta Ballesteros.76  Funcionarios antinarcóticos enviaron preguntas escritas a la audiencia de un comité del Congreso de Estados Unidos, en las que hacían referencias a informes según los cuales Torres Arias era un “consejero influyente” del entonces jefe de las fuerzas armadas, el general Humberto Regalado, y del nuevo jefe de inteligencia militar.

En los días siguientes, una lista de posibles colaboradores de Matta Ballesteros, presuntamente elaborada por Estados Unidos, fue leída en voz alta en la radio hondureña. La lista incluía al ministro de Defensa, el director de inteligencia militar, el jefe de la armada, el jefe de personal de las fuerzas armadas y el exdirector de la escuela de comando militar.78  También se insinuaba que Matta Ballesteros contaba entre sus socios al jefe de la policía, Leonel Riera Lunati, y que empleaba a un grupo de exmiembros de las Fuerzas Especiales de Honduras para que trabajaran para él y para su empresa de seguridad.79  En una respuesta escrita acerca de la pregunta sobre la relación entre Torres Arias y Regalado, el Departamento de Estado restó importancia a dicha conexión. “No creemos que sea un asesor influyente”, dice, refiriéndose a Torres Arias. “Es normal que Torres conociera a Regalado y a otros oficiales militares hondureños con quienes prestó servicio”.80

Sin embargo, el gobierno estadounidense estaba claramente preocupado.81  La audiencia del Congreso sobre el asunto en marzo de 1988 comenzó con referencias del congresista Benjamín Gilman, de Nueva York, sobre los problemas en Honduras. “Un miembro del Cartel de Medellín, Juan Matta Ballesteros, se ha establecido en Honduras”, dijo. “Ya está extendiendo su influencia corruptora en esa sociedad. Está intentando comprar a funcionarios del gobierno hondureño. Ballesteros es un fuerte narcotraficante que conoce bien su negocio”.82 

El congresista señaló además la presunta participación de militares hondureños en las actividades criminales de Matta Ballesteros. “También me preocupan los recientes informes de que algunos militares hondureños pueden estar involucrados con el narcotráfico, y espero que no dirijamos nuestra mirada hacia otros intereses de seguridad allí”, dijo, en referencia a la guerra que se estaba adelantando contra el régimen sandinista en Nicaragua. “Espero que el señor Ballesteros no haya logrado aún construir una red de tráfico de drogas en Honduras, con la colaboración de algunos de estos militares corruptos”.83

Aunque le había restado importancia a las conexiones de Torres Arias con las altas esferas del ejército hondureño, el Departamento de Estado también estaba preocupado por lo que estaba ocurriendo en Honduras. Durante esa misma audiencia, el subsecretario del Departamento de Estado en la Oficina para Asuntos Interamericanos, Elliott Abrams, señaló que el tráfico de cocaína había aumentado inmediatamente después de la llegada de Matta Ballesteros al país.84  En febrero de 1988, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió una declaración sobre estas preocupaciones.

“Este Departamento y muchos funcionarios hondureños, incluyendo los dirigentes de las fuerzas armadas, están seriamente preocupados ante la posibilidad de que el tráfico de drogas haya aumentado significativamente ahora que Juan Ramón Matta Ballesteros regresó a Honduras proveniente de Colombia”, dijo el Departamento de Estado. “Creemos que él está tratando de crear una red de tráfico de drogas en Honduras, sin duda con la colaboración de algunos funcionarios corruptos. Sin embargo, no creemos que tal corrupción se haya generalizado aún”.85 

El mensaje era claro. Ya era hora de cortar lazos con Matta Ballesteros, y el 5 de abril las Fuerzas Especiales Hondureñas y la policía, junto con cuatro mariscales de Estados Unidos, lo interceptaron después de regresar de trotar en la mañana, lo ataron y lo llevaron a República Dominicana. De allí fue trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos por el caso de Enrique Camarena, entre otros cargos;86 aquel puede ser considerado una detención extraoficial.  Miles de hondureños, descontentos con aquella acción, y presuntamente alentados por los militares, incendiaron un anexo del Consulado de Estados Unidos.87  Cinco personas murieron, y funcionarios de Estados Unidos dijeron que las autoridades hondureñas se tardaron dos horas en intervenir.88  Matta Ballesteros fue condenado después por secuestro en un tribunal de Los Ángeles,89  y por tráfico de drogas en un juicio aparte; permanece en una prisión federal de Estados Unidos.

Políticamente incorrectos Libertad Digital nace para denunciar los abusos, la corrupción y atropellos de los gobiernos de turno en Honduras y América Latina.

Comentarios

Más en Honduras

Trends

Política

To Top