Seguinos

ONCE AÑOS DEL «HONDURAS IS OPEN FOR BUSINESS»

Editoriales

ONCE AÑOS DEL «HONDURAS IS OPEN FOR BUSINESS»

Honduras abierta a negocios, era el eje fundamental de desarrollo del primer gobierno heredero del Golpe de Estado del 2009. La estrategia aseguraba la generación de empleos y crecimiento económico a través de la entrega de todo tipo de prebendas al sector privado y la flexibilización extrema, casi a punto de quiebre, de los derechos laborales y los derechos a los bienes comunes, al medio ambiente y de las comunidades.

Los Estados Unidos prometían un fondo de 750 millones de dólares divididos equitativamente en los tres países del denominado triangulo norte, para apoyar el crecimiento económico, reducir los índices de pobreza y violencia, y frenar una migración que ya amenazaba en convertirse en la catástrofe humanitaria que hoy vivimos.

El Gobierno de Porfirio Lobo Sosa convocó en la ciudad de San Pedro Sula a importantes inversionistas hondureños y extranjeros para construir un plan que aseguraba tenía cómo objetivo usar los fondos disponibles en beneficio del crecimiento económico, de traer inversión a Honduras y salir de la pobreza.

Afuera del centro de convenciones miles de hondureños y hondureñas se apostaron en protesta. El modelo de desarrollo entreguista ponía en peligro los derechos laborales, los derechos de la naturaleza y de las comunidades. Ahí estaba una Berta Cáceres, a quién los medios de comunicación y algunos empresarios llamaron enemiga de Honduras. Ahí estaba el Frente Nacional de Resistencia Popular que advertía que este era el objetivo real de aquel Golpe de Estado contra el Presidente Zelaya. Cambiar un modelo económico que buscaba fortalecer las empresas del Estado y los bienes comunes y públicos, por uno que privatizara y vendiera todo.

El objetivo de la acción militar resultaba que era en realidad para cambiar un modelo que entendía la participación ciudadana cómo un derecho tanto político cómo económico, por un modelo excluyente que se atrincheraba del pueblo en protesta para tomar decisiones a escondidas en nombre del «Desarrollo». Zelaya era el símbolo, el objetivo era el modelo económico.

Ahí estaba este que escribe con mis compañeros y compañeras del Frente Nacional de Juventudes en Resistencia, pues éramos una generación que advertía que las decisiones tomadas en aquel salón sentenciaban nuestro futuro. Venía la tercerización salarial, las chambas en vez de los trabajos, sin poder ganar lo suficiente para cubrir la canasta básica, venía el endeudamiento acelerado, la precarización de la vida, la persecución por defender nuestros ríos y montañas, la violencia institucionalizada para controlar a los «enemigos y enemigas del desarrollo». Venía el saqueo, la libertad plena para el lavado de activos, el control absoluto de la economía por parte del capital financiero y la declaración de guerra contra los movimientos sociales y los defensores de los derechos de los trabajadores y trabajadoras de Honduras.

Aquellas jornadas en San Pedro Sula terminaron con cientos de personas detenidas, algunas desaparecidas y luego asesinadas, exilios y mucha violencia de parte de los aparatos de seguridad y defensa de aquel momento. Y los once años que vinieron después ya los conocemos demasiado bien.

Ahora con un nuevo gobierno, dirigido por la compañera Xiomara Castro, una mujer que fue parte de aquella lucha callejera, debemos entender que «Business» (negocio) no es lo mismo que Desarrollo. Nadie se mete a un negocio dónde no va a ganar mucho más de lo que invirtió. Nadie se mete a un negocio para quedar parejo o para perder. Y si quién pierde es el Estado y el pueblo de Honduras entonces es un mal negocio. Si el tesoro termina en los bancos y el Estado se queda endeudado, haciendo malabares con una raquítica caja chica, entonces fue un mal negocio.

Si queremos desarrollo es con la gente, no a costa de la gente. Es con la comunidades, no escondidos de ellas, es cuidando la naturaleza no pasándole por encima. Es entendiendo que los bienes comunes son para un desarrollo común, de todos y de todas. Porque si no, entonces a lo que abrimos el país es al saqueo no al «Business». Aquellos y aquellas que hace once años levantaron la voz en San Pedro Sula tenían razón. Hoy más que razón tienen o tenemos la responsabilidad de garantizar el éxito de un modelo distinto, que sea solidario, popular y democrático.

Honduras abierta al mundo, para el desarrollo de todos y todas eso sí sería un buen negocio.

Más en Editoriales

Hasta arriba