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¿Qué son de aquellas mujeres que viven en las prisiones de Honduras?

Tinta Verde

¿Qué son de aquellas mujeres que viven en las prisiones de Honduras?

¿Qué son de aquellas mujeres que viven en las prisiones de Honduras?

Tradicionalmente, la delincuencia femenina y las reclusas han recibido muy poca atención por parte de la sociedad, además, esta poca atención que se les ha dado ha estado marcada por sesgos de diversos tipos, relegando a las mujeres delincuentes a roles básicos: víctima o persona subyugada por el hombre.

Un Estado que castiga y no rehabilita

El incremento mundial de, al menos, un 53% de las mujeres internas en centros penitenciarios desde el año 2000, ha permitido poner en la vista pública a las privadas de libertad, identificando las necesidades y carencias específicas de esta población femenina. No obstante, en la práctica, no se han llevado a cabo las medidas necesarias para hacer frente a esta realidad, dejando en evidencia que las mujeres, aún privadas de libertad, atraviesan una situación de desigualdad en la sociedad.

En Honduras, mucho se habla de esos grandes hombres que tienen el control del país ejerciendo violencia desde sus respectivas maras, pero poco se habla de esas mujeres que también se mueven en estos entornos, por ello, las matanzas ocurridas en la Penitenciaria Nacional Femenil de Adaptación Social son una clara advertencia sobre los costos de subestimar el papel de las pandilleras dentro de las cárceles y la potencial corrupción en esos recintos.

En 2020, un 11 de junio, una pandillera de la mara 18 fue asesinada en su propia celda dentro de la Penitenciaria Nacional Femenil de Adaptación Social (PNFAS), este hecho no fue más que una vendetta por sucesos ocurridos semanas atrás, donde mujeres integrantes de la mara 18 ocasionaran un incendio y asesinaran a otras mujeres de la mara rival MS-13.

Pero dentro de esta penitenciaria también es común encontrar mujeres que han decidido reformar su vida, que se han dedicado a sus estudios o a sacar cursos para sobrellevar el encierro y prepararse para su reintegración a la sociedad; pero es difícil hablar de estos cursos o estudios cuando Honduras no cuenta con ningún programa orientado a las mujeres privadas de libertad, porque hasta en las cárceles, las mujeres y sus derechos, nunca son prioridad.

Y es que, en Honduras, los sistemas penitenciaros son lugares de tortura y castigo, en vez de centros de rehabilitación, pero nadie parece escuchar los gritos de auxilio de esas mujeres que aparte de pagar sus condenas por hacer algún daño a la sociedad, son castigadas por ser mujer, sufriendo reiteradas violaciones a sus derechos humanos e integridad física.

Según datos de la PNFAS, son 280 mujeres las que se encuentran recluidas en este centro, aun cuando su capacidad máxima es de 150, estos datos no han sido actualizados y podemos estimar que el número de mujeres en esta penitencia ha ido en aumento, aumentando a su vez las condiciones inhumanas en las que estas deben de vivir.

Criando y creciendo entre rejas

Existe muchos casos de mujeres en estado de gestación que viven aisladas en condiciones inhumanas y degradantes, sin acceso a servicios de salud que puedan garantizar su vida o la del feto durante el período de gestación, y es que el Estado de Honduras no puede garantizar los derechos de las mujeres en libertad, ¿qué nos hace pensar que en las penitenciarías del país lo harán?

Estas mujeres que dan a luz en las penitenciarías pueden criar a sus hijos dentro de estos centros hasta que el menor alcance los cuatro años. Existe un sector para estas madres y niños recién nacidos, la “Casa Cuna”, espacio cuya manutención está en manos de las reclusas, sus familiares y algunas organizaciones e iglesias que entregan ciertas donaciones para el mantenimiento de estos espacios.

A pesar de ser espacios infantiles, estos lugares no están exentos de la violencia que impera en estos centros penitenciarios, solo meses atrás, la “Casa Cuna” de la mara 18 fue víctima de un ataque, donde mujeres de la mara  MS-13 crearon disturbios para que otras reclusas entraran al sector perteneciente a la mara 18 a matar a 6 de estas, este hecho solo dejo en evidencia que existe un nulo control o respeto por la vida dentro de estas cárceles, no solo por algunas reclusas, sino también por las mismas autoridades que se suponen deben ser las encargadas de preservar la calma en los centros penitenciario.

La situación no parece mejorar para las privadas de libertad, desde el completo abandono del Estado, hasta el desinterés de la sociedad por las condiciones inhumanas en las que son obligadas a vivir y el estigma que deben afrontar, ya que estar privada de libertad es doble motivo de señalamiento por parte de la sociedad, si se tiene en cuenta el rol que la sociedad le ha asignado; una mujer que pasa por la prisión es calificada de «mala» porque no cumple con el papel que según la sociedad le corresponde como esposa y madre, sumisa, dependiente y dócil.

Antes que llegara la pandemia, las cárceles desde siempre han estado pobladas de reclusas, creando una situación de tensión y extrema violencia. Ahora, estas situaciones se han intensificado, existen deficiencias en materia de salud y seguridad, pero sin duda, la deficiencia más notable, en la nula gestión penitenciaria con enfoque de género.

Quizás ya va siendo hora que empecemos a escuchar a esas mujeres encarceladas, que conozcamos sus rostros, sus historias, conocer sus vidas, su futuro, sus luchas dentro de estos centros penales, la carga de una maternidad muchas veces forzada, la violencia de género que sufrieron, el abandono de sus compañeros y su vida en las prisiones, tan diferente de la de los hombres.

Tinta Verde

Tinta Verde es un proyecto formativo y divulgativo periodístico enfocado en tratar a profundidad la problemática que viven las mujeres de Honduras, y articular herramientas de comunicación para enfrentar la desinformación y manipulación informativa con sesgos machistas y discriminatorios que existe en el país.

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