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La carga mental de las mujeres hondureñas en tiempos de COVID-19

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La carga mental de las mujeres hondureñas en tiempos de COVID-19

La carga mental de las mujeres hondureñas en tiempos de COVID-19

En Honduras la salud mental de las mujeres ha experimentado un impacto negativo a causa del confinamiento por la pandemia del COVID -19 ya que debido a ello se ha incrementado la carga familiar, laboral y trabajos de cuidado.

La mayor parte del tiempo, la carga psicológica con relación a las tareas del hogar recae en la mujer, quien simultáneamente debe hacer malabares con el teletrabajo y las tareas de cuidado de las personas que dependen de ellas como los(as) hijos(as), enfermos, adultos mayores, y/o personas con capacidades especiales.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 76.2 por ciento de las horas destinadas a trabajos de cuidado no remunerado recaen directamente en la mujer, siendo esto mas del triple que en el caso de los hombres, y es en el contexto actual en donde se ha agudizado la situación de la doble y triple jornada laboral para las mujeres generándoles un impacto emocional y psicológico negativo.

De acuerdo con la estudiante de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Inés Georgina Rodríguez, mencionó que algunos de los efectos psicológicos que las mujeres hondureñas han podido estar manifestando durante el confinamiento son: depresión, angustia emocional, insomnio, ansiedad y sentimientos de soledad.

Por otro lado el informe de políticas de las Naciones Unidas sobre el COVID-19 y la necesidad de actuar en relación con la salud mental, señala que las mujeres han experimentado una carga añadida producto de los deberes que conllevan cuidados como la enseñanza, tareas del hogar, cuidado de familiares, ocasionándoles una sobrecarga mental, produciendo altos niveles de estrés.

Según una encuesta de salud mental llevada a cabo en la India, un 66 por ciento de las mujeres declararon sufrir de estrés, en comparación con un 34 por ciento de los hombres encuestados.

También hay que considerar otros factores que han elevado la carga mental, como ser la presión generada por las responsabilidades del trabajo remunerado, ya que, con la llegada del teletrabajo a los hogares, las mujeres han tenido que compaginar sus tareas domésticas y cuidado de los niños(as) con sus funciones laborales lo cual puede terminar causando desgaste físico y emocional.

A continuación Sara, una mujer joven procedente de la ciudad de Tegucigalpa, departamento de Francisco Morazán, nos compartió su historia; “vivo actualmente en la capital con mi hermano de 10 años y mi abuela, y en estos últimos años he sido un gran apoyo para ella tanto en las tareas del hogar como en el aspecto económico. Durante los últimos 4 años he trabajado en un call center de la ciudad capital”.

Sin embargo, ella relató que toda la situación familiar, académica y laboral se acumuló debido a la pandemia ya que tuve que adoptar la modalidad de trabajo en casa para seguir generando ingresos y cubrir las necesidades propias y de mi familia, a causa de ello empecé a experimentar grandes niveles de ansiedad, estrés y depresión. Esto es lo que vivo en un día común y corriente:

Me levanto a las cinco de la mañana para ducharme, luego de ello procedo a preparar el desayuno, y mientras espero la tetera, preparo el resto del desayuno ya que si no logro desayunar antes de que inicie mi jornada laboral entonces no comeré hasta el mediodía, cuando la tetera suena, procedo a sentarme a la mesa a disfrutar mi desayuno y es entonces que suena la alarma.

“Me toca marcar entrada en el trabajo, digo para mis adentros, por lo que salgo corriendo a prepara  mi equipo que consiste en una computadora y un par de auriculares con los que atiendo a los clientes. Después desconectarme a recibir llamadas no tengo mas tiempo libre que 15 minutos después de estar al teléfono por cuatro horas consecutivas, y en esos 15 minutos debo de lavar ropa y ordenar la casa”, explicó.

Siguió relatando que cuando vuelve a su jornada laboral “debo estar pendiente de que no se escuchen sonidos de fondo o de lo contrario podrían amonestarme en el trabajo, y no puedo darme el lujo de perder mi trabajo porque entonces no podría continuar con mis estudios universitarios”.

A las doce del mediodía significa que “tengo una hora para ayudar a mi abuela a preparar el almuerzo o hacer compras y pagos de servicios del mes ya que a mi abuela por su edad se le dificulta caminar y estar de pie, es entonces que regreso a la casa corriendo y tratando de estar a tiempo, y muchos pensamientos pasan por mi cabeza como por ejemplo que debo estar pendiente de llenar los contenedores de agua de la casa, que tengo asignaciones incompletas en mi trabajo, que debo verificar que mi abuela se tome sus medicamentos porque algunas veces tiene problemas de memoria, que tengo que verificar si mi hermano necesita ayuda con sus tareas y por último que tengo pendientes en la universidad que aún no he terminado”.

Además relató “mientras hago un repaso mental de todo lo que debo hacer, empiezo a sentirme agotada, agobiada e impotente, deseando por un instante no seguir viviendo más, por lo que regreso a mi trabajo en un estado mental de mucho estrés y desesperación, asimismo sintiendo ansiosa por concluir mi jornada lo más pronto posible y es cuando el reloj marca las cinco de la tarde, por un momento me siento libre, entonces me doy cuenta de la triste realidad y reacciono: todavía no se ha acabado, aun no puedo parar a descansar, en ese instante inicia mi segunda jornada laboral”.

Texto: Evel C. García

Foto: Doris Gonzales

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Tinta Verde es un proyecto formativo y divulgativo periodístico enfocado en tratar a profundidad la problemática que viven las mujeres de Honduras, y articular herramientas de comunicación para enfrentar la desinformación y manipulación informativa con sesgos machistas y discriminatorios que existe en el país.

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