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Martha Reichmann: Óscar Andrés Rodríguez es un mentiroso, amoral, antiético y anticristiano.

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Martha Reichmann: Óscar Andrés Rodríguez es un mentiroso, amoral, antiético y anticristiano.

Martha Alegría Reichmann viuda de Valladares se terminó
convenciendo que su examigo, el todopoderoso cardenal y
expapable Óscar Andrés Rodríguez es un mentiroso, amoral,
antiético y anticristiano.

Y es que los engañó con su voz pausada al convencerlos de
depositar dinero en fondos de inversiones de alto riesgo y que
los llevó a perder el ahorro de toda la vida, ganados con el
trabajo que realizó el otrora influyente embajador de Honduras
ante el Vaticano Alejandro Valladares.

En la carta que envió la adolorida esposa del fallecido
diplomático a Su Eminencia Reverendísima y fechada 9 de abril
de 2018, se sincera con su antiguo amigo de toda la vida, a
quien le recordó que le abrieron las puertas sin imaginar que el
poder de persuasión del purpurado al convencerlos de confiar
sus ahorros a la financiera británica Leman Wealth
Management, demandada por estafa, se convertirían en un
auténtico calvario para el matrimonio y sus hijos, quienes no
podrán usar la herencia que dejó uno de los influyentes
diplomáticos en la ciudad-Estado.

AMISTADES PELIGROSAS.

Incluso, el cardenal Rodríguez
arremetió contra el periodista e investigador italiano Emiliano
Fittipaldi luego que reafirmara los hallazgos de
ConfidencialHN sobre actos de corrupción en la Universidad
Católica; en las publicaciones de la revista italiana L’Espresso
Fittipaldi reveló las inversiones sospechosas hechas por el
cardenal de hasta un millón 200 mil dólares en el cuestionado
fondo británico administrado por el árabe Youssry Henien.

La misiva que está en manos de este periódico revela la otra
cara del entonces intachable religioso que lideró una avanzada
para solicitar la condonación de la deuda externa en Honduras
y que terminó mintiendo y manipulando medios para no
responder por el extravío del dinero con el cual viviría Alegría
Reichmann sus últimos días y que sería un soporte para
afrontar necesidades.

Mientras el “influyente” cardenal asesora a Francisco en la
reforma de la curia romana, habla de honestidad y castigo
severo al delito desde el púlpito de la catedral metropolitana
de Tegucigalpa y fustiga cualquier atisbo de transformación y
evolución de la sociedad, la jefa de familia ha tenido que
recurrir hasta las últimas instancias:

“Dudé en que ustedes me entrevistaran porque esperé hasta el
final que se hiciera justicia sin levantar un escándalo público.
40 años de amistad fraternal me vinculan al cardenal
Maradiaga. Compartimos cosas buenas y malas, pero la
confianza frente a él siempre fue ciega. Y viceversa. Cuando
regresó a nuestro hogar después del último cónclave, contó lo
sucedido. Incluso nos dijo que había convencido a Bergoglio
para que aceptara la investidura, porque inicialmente el Papa
habría dicho que no estaba en perfecto estado de salud, le
preocupaba tener un solo pulmón. La intimidad era absoluta.
Él nos decía a mi esposo y a mí que éramos su familia. Él sabe
muy bien que mi esposo gastó mucho dinero en el Vaticano en
2001 para ayudarlo a convertirse en cardenal. En ese momento,
Maradiaga ciertamente tenía muchos méritos, pero también
muchos enemigos que se oponían a su cardenalato”, señala la
publicación.

Este periódico pone a su disposición la carta de Marta Alegría
Reichmann en la que evidencia la verdadera personalidad del
hombre que estuvo a punto de ser el jefe supremo de la iglesia
católica.

Tegucigalpa, 9 de abril, 2018
S.E.R. Cardenal Oscar A. Rodríguez M.
Señor Cardenal:

Conservo un correo electrónico que usted me envió el día en
que falleció mi esposo Alejandro, en el cual me dice: “…creo
haber perdido a uno de mis mejores amigos, siempre leal y
cariñoso. Hace 35 años los conocí y han sido mi mejor
regalo…”. Después de un año de su muerte, descubrí la estafa
de la compañía financiera Leman Wealth Management, en la
cual habíamos invertido nuestro dinero. Jamás he dicho que
usted nos obligó a invertirlo, pero si lo hicimos fue porque
usted nos incitó, nos animó.

Usted nos sacó el tema con la idea de convencernos, porque
nos dio absoluta seguridad de la seriedad de la compañía,
diciéndonos que por eso usted había invertido todo el dinero
de la diócesis, que daban buenos intereses, que había
investigado y que era seguro. Al día de hoy ignoro cuál era su
verdadera intención. De lo que si estoy absolutamente segura
es que usted fue totalmente irresponsable, al aseguramos algo
que no era cierto, porque después se descubrió que su amigo, el
banquero, había ya sido demandado por estafa hace varios
años atrás. Es allí donde está su falta grave; en la
irresponsabilidad, y obviamente, esto genera en usted un
compromiso moral, ético y cristiano (me resulta incongruente
saber que usted fue profesor de Teología Moral en el Instituto
Teológico Salesiano Guatemala, 1971-1975 fuente: ECCLECIA
DIGITAL) sin embargo, lo que hizo fue completamente lo
contrario, pues se limitó a darme una limosna en comparación
con lo que perdí y que acepté como préstamo, pues le dije que
se lo devolvería al recuperar lo perdido; pero lo grave es que a
partir de entonces, usted me marginó totalmente con grosería,
soberbia y despotismo.

¿Cómo se puede explicar que de considerarme “el mejor
regalo” haya pasado a ser la persona más despreciada, sin que
yo le hubiera hecho algún mal? De la única manera que me lo
puedo explicar, es replicándole con las mismas palabras
pronunciadas de su propia boca: ¿Quieres tener un enemigo?
¡Hazle un favor a alguien…!. Y eso fue precisamente lo que
siempre hicimos a usted, favores. Aquí le quiero aclarar algo:

Siempre estuve consciente de que si seguíamos en el cargo
como embajadores ante la Santa Sede, era en parte porque
usted movía sus influencias y pensaba que lo hacía con cariño
hacia nosotros, pero ahora he comprobado que ese cariño era
falso, lo único que podría pensar es que lo hacía solamente
para tener garantizada su “Betania” y eso me causa un dolor
muy grande. El cariño cuando es sincero no se acaba sin motivo
ni de repente, como sucedió con el suyo, Cardenal.

Por varios meses me dirigí muchas veces a usted, con
humildad, con desesperación y dolor, pero en respuesta
siempre recibí un silencio absoluto. Un silencio insultante,
humillante y lleno de desprecio actitud indigna de uno que
consagra el pan y el vino el cuerpo y sangre de Cristo. ¿Dónde
quedan sus principios cristianos, señor Cardenal? Le recuerdo
que en el libro de Proverbios dice:

11:2 La arrogancia acarrea deshonra; la sabiduría está con
los humildes.
11:3 La integridad guía a los honrados; la falsedad arruina a
los desleales.

Convencida de que me había traicionado, le notifiqué que pedir
auxilio en el Vaticano. Se lo dije porque no hago nada a
espaldas de nadie. El tiempo transcurrió, usted jamás se bajó
de su pedestal, vino la investigación que ordenó el Papa
Francisco, me llamaron a declarar sobre todo por la denuncia
que había interpuesto contra su Obispo Auxiliar Juan José
Pineda, denunciado por muchísimas personas por graves faltas
y quien siempre ha actuado bajo su absoluta e incondicional
protección.

Sólo le quiero decir un sabio pensamiento de Albert Einstein:
“El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por
las que permiten la maldad”. También le recuerdo una frase del
Papa Benedicto XVI: “La persecución no viene de afuera, nace
con el pecado dentro de la iglesia”.

Fui contactada por el prestigiado escritor y Periodista Emiliano
Fittipaldi, autor de diversos libros y artículos que son
verdaderas investigaciones de un periodismo libre y sin
ataduras, que obviamente no podría existir en nuestro país, y
que usted de manera retorcida lo quiso ridiculizar
infructuosamente porque él pudo probar lo que usted había
negado en los manejos del dinero en la Universidad Católica de
Honduras y de las acusaciones de inversiones millonarias en la
Leman Wealth Management, lo cual usted había negado
rotundamente. Usted sabe que el periodista me citó una
entrevista a la cual me negué en un principio, pero si después
cambié de idea fue porque usted ya tenía mi dignidad
fuertemente pisoteada y yo no podía ser cómplice avalando con
mi silencio una gran mentira suya que me estaba afectando
demasiado.

Hice saber indirectamente al Vaticano que iba a tener que dar
esa entrevista a Fittipaldi, porque repito, no acostumbro hacer
nada a espaldas de nadie. El motivo principal de esta carta,
Señor Cardenal, es para pedirle que me diga dos cosas:
Primero: Si usted ante la prensa internacional negó
categóricamente que la diócesis había hecho inversiones en la
Leman Wealth Management, y a nosotros nos dijo que había
invertido allí todo el dinero de la diócesis, ¿a quién le mintió?

¿A la prensa o a nosotros? Porque si fue a nosotros, ¿por qué
oscura razón lo hizo?

Segundo: Que me diga lo que siempre he querido saber: ¿De
dónde nace ese odio hacia mi persona? ¿Cuál es ese misterioso
motivo? ¿Por qué nunca ha querido darme la cara como se lo he
pedido? ¿Por qué se negó el pasado primero de marzo a
reunirse conmigo en Roma y lo pidió con el santo padre? ¿Por
qué se valió de un engaño y una mentira para no hacerlo? ¿Es
que no tiene valor de mirarme a los ojos? ¿Será que le da
vergüenza porque cuando nos necesitaba nos decía que éramos
su familia? ¿Qué nuestra casa era su Betania? Por favor
cardenal Rodríguez, hoy veo esa expresión como una bofetada
en el rostro, porque si se refiere a los cuatro evangelios, Jesús
nunca traicionó a sus amigos verdaderos, María, Marta y
Lázaro. Para sus próximos engaños no utilice la biblia, por
favor respete.

Se lo pregunto porque no quisiera pensar que lo hace en
venganza porque presenté la denuncia justa y merecida contra
su Auxiliar Pineda. Usted trató de evitarlo pero yo le dije: “Por
usted, cualquier cosa Eminencia, pero por su Obispo Auxiliar
nada”. A él también lo tratamos por muchos años como si fuera
de nuestra familia, Alejandro lo quería muchísimo y fue uno de
los que más se movió para obtenerle su investidura como
Obispo Auxiliar, ya que le teníamos mucha admiración.

Posteriormente el Obispo Pineda nos hizo cosas horribles, por
un lado a mí y por otro lado a mi marido, pero cuando llegó al
punto extremo, sobre todo, el hecho de esperar a que mi
marido estuviera agonizando, para decir una mentira, que él ya
no podía desmentir; yo no lo podía pasar por alto porque todo
tiene un límite y si usted pretendió que yo por el cariño hacia
usted llegara al punto de saltarme por la dignidad ofendida de
mi esposo, pues se equivocó, señor Cardenal. Lo siento y le
aseguro que lo siento de verdad, pero para mí, mi marido
estaba primero porque estaba indefenso.

Si sospecho que ese es el motivo de su odio, es porque sé que
usted es famoso por adquirir esa horrible actitud de quitarle el
habla y enviar a la basura a todo el que roza aunque sea
mínimamente a su Auxiliar. Soy una mujer que lo único que ha
hecho es defenderme de los daños, humillaciones. Soy una
mujer sola, viuda, sin poder, sin guardaespaldas ni vehículos
potentes como usted, pero llena de Dios y sé que Él está
conmigo guiando mis pasos y llegaré hasta donde Él quiera que
llegue; se lo aseguro. Todos tenemos una dignidad, señor
Cardenal, y como seres humanos merecemos respeto, sobre
todo los que no hemos cometido ni delitos ni faltas graves; y
más, los que le hemos servido con cariño, lealtad y desinterés.
Le recuerdo que usted decía que nos quería mucho porque le
dábamos todo y no pedíamos nada; y le aseguro que no
es ni Cristiano ni ético, que por su culpa mis hijas hayan perdido la herencia que con tanto esfuerzo les dejó su padre; un hombre bueno, honrado, trabajador y honorable. Su leal y
gran amigo Alejandro.

Le repito, nunca le hemos exigido nada, pero si usted hubiera
sido sensato, humilde y de noble corazón, nos hubiera
brindado apoyo en vez de darnos la espalda. Según los cánones
de Teología Moral, usted no tiene obligación conmigo, pero si
tiene Responsabilidad, que es casi lo mismo. ¿Será que para
eludir esa responsabilidad usted prefirió elegir una vil traición?
24:15 Malvado, no aceches la casa del justo, no destruyas su
morada.
4:16 Pues el justo cae siete veces y se levanta, pero los
malvados se hunden en la desgracia. Proverbio.

Lo que le aseguro es que mis hijas y yo, siempre podremos salir
a la calle con la frente en alto, mientras que usted con todos
sus millones encima, llevará a cuestas el deshonor y
la vergüenza. Mi conciencia está absolutamente limpia y
tranquila. Y le voy a decir algo Cardenal: nadie en toda su vida
le ha dado una prueba de amistad tan pura, sincera y
desinteresada como la que yo le di. Recuerde bien por qué se lo
digo. Recuérdelo y verá cómo tengo razón. Si me va a
responder, respóndame con la verdad, no con ofensas como
usted acostumbra ni con mentiras como lo hizo al tratar de
defenderse de las acusaciones de Fittipaldi, porque después él
sacó las pruebas y usted se tuvo que quedar callado.
A continuación le hago un breve relato de la noticias que le
dieron la vuelta al mundo y que seguramente tuvo la
oportunidad de leer.

“TOCADO Y HUNDIDO: DEMUESTRAN QUE MARADIAGA
MINTIÓ AL DEFENDERSE DE LAS ACUSACIONES DE
CORRUPCIÓN”

Ese es el titular del periódico italiano INFOVATICANA del 6 de
febrero, 2018, uno de los tantos periódicos que en Europa
reprodujeron los artículos de Emiliano Fittipaldi, incluida mi
entrevista del día 2 de marzo, que fue muy comentada porque
muchos estaban esperando otra prueba sobre las acusaciones
que el prestigiado periodista había hecho al Cardenal Óscar
Andrés Rodríguez Maradiaga. Medios de la Prensa Católica
europea como “The Catholic Register”, “Vatican
News”, “Gloria TV”, “Infovaticana”, “Dagospia”, y muchos
más, han publicado artículos denunciando cosas muy feas ya
sea de usted como de su Auxiliar Pineda, o sea que usted ya no
podrá seguir diciendo: “es que son los judíos que no me
quieren, es que son de la prensa amarillista”, “es que es un
complot o una campaña contra el Papa”. Cuando
quieren atacar al Papa lo hacen directamente. Es obvio que
parte de la prensa hondureña trata de encubrirlo a usted señor
Cardenal, pero es imposible lograrlo porque gracias a la
tecnología de las comunicaciones, existen otras maneras de
comunicarse y cualquier artículo se difunde rápidamente. Eso
fue lo que pasó con mi entrevista.

En Honduras se publicó solamente lo que usted quiso que se
publicara en su canal; sólo mueve un dedo y manda a sus
emisarios para que informen como a usted le conviene. Esto
pasó con la ratificación de su nombramiento como Arzobispo
de Tegucigalpa. ¡Es increíble cómo lo inflaron! ¡Con bombos y
platillos! ¡Como si lo hubiesen nombrado papa! Una simple
ratificación de las que en Roma suceden a menudo. Usted y yo
lo sabemos, pero aquí usted seguramente usted pretendió con
esto, tapar los escándalos que enfrenta. De hecho, aquí varios
medios escondieron todas las noticias publicadas en el exterior
y cuando lo ratificaron, aparecieron diciendo que ha habido
una campaña para desprestigiarlo. No he oído algo tan
ridículo, descabellado y absurdo, pues ante las “PRUEBAS”
(que fueron 9 páginas de auténtica información contable) de
las cuales usted no se pudo defender, es usted y solamente
usted quien se ha autodesprestigiado.

En países serios como los Estados Unidos, solamente con estar
señalado, nadie puede ostentar un cargo, pero usted, ha sido
ratificado. Tal vez el pobre Papa Francisco, avergonzado, no
haya como encubrir a su gran colaborador o quizá simplemente
lo hace por agradecimiento por haberle ayudado a ser Papa. Por
otro lado, ya sabemos que en Honduras “el corcho se hunde y
el plomo flota” y si usted cree que aquí le limpiaron el nombre,
está bien equivocado. Usted se manchó solito y eso no se lo
quita nadie.

Por último Cardenal, si mis palabras le suenan simples en esta
humilde, pero sincera, verdadera y dolorosa carta, que dista
mucho de sus bonitas pero falsas palabras pronunciadas en sus
homilías, no buscan esconder absolutamente nada, salen del
corazón de una mujer viuda, maltratada y despreciada
únicamente por haber creído en “hombres de Dios” y ahora
busco la verdad y la justicia en esta acción dolosa a la que usted
nos indujo y que ha causado un daño severo en mi vida,
después de la desaparición física de mi esposo Alejandro. Hay
muchísimas personas que me han demostrado solidaridad y
comprensión sabiendo que a muchos les causa indignación que
usted y sus instituciones millonarias (universidades,
fundaciones nacionales, fundaciones extranjeras, medios de
comunicación, etc.) no puedan responsabilizarse de los malos
actos cometidos por su máxima autoridad el arzobispo y el
Gran Canciller de la arquidiócesis de Tegucigalpa.

No puedo terminar esta carta sin decirle algo importantísimo:
si usted hubiera accedido al encuentro solicitado en Roma por
el Papa, yo no hubiera dado la entrevista. Esto se lo había
expresado al Secretario de Estado, Su Eminencia Pietro Parolin
al llamarme por teléfono el pasado 16 de febrero, pero como
usted se rehusó burlándose de todos con gran soberbia
y prepotencia, la tuve que conceder. Tenía la ilusión de que
usted se había arrepentido de su terrible comportamiento,
pensaba que le iba a poder dar un abrazo y que esta pesadilla
quedaría en el pasado, pero solo fue una vaga ilusión pues
usted demostró con más fuerza su maldad y ese su odio feroz y
enfermizo que lleva dentro y que lo corroe, porque revelarse al
Papa para reunirse con alguien que sólo bien le había hecho, es
algo inconcebible. Jamás hubiera imaginado recibir de usted
tanta maldad.

Sólo me resta decirle que he presentado un extenso documento
a las oficinas de derechos humanos de varias instituciones
internacionales, donde declaro que usted y su auxiliar son mis
únicos enemigos y únicos sospechosos si algo inusual me
llegara a pasar.
10:11 Sean fuertes en el Señor y su gran poder. Pónganse
toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes
contra todas las estrategias del diablo. No participen en
las obras inútiles de la maldad y la oscuridad, al contrario,
sáquenlas a la luz.

Martha Alegría Reichmann
Copia:
S.E.R. Monseñor Novatus Rugamowa (Nuncio Apostólico)
Monseñor Ángel Garachana (Conferencia Episcopal de
Honduras)
Sacerdotes.

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