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SANTA CONSPIRACIÓN

Honduras

SANTA CONSPIRACIÓN

Empezamos la semana con la gasolina más cara. Con el café más caro. Con más compañeros asesinados por estos delincuentes de azul escondidos cómo los parásitos que son… detrás de las armas.

Empezamos la semana ya trabajando con todo. Es hoy que todos los planes con los que nos fuimos a dormir la noche del año pasado deben empezar a forjarse en este día nuevo, de año nuevo, impaciente por lo que viene.

Ya empezamos a luchar y eso se siente bien. Este mes que ya gatea será recordado por mucho tiempo. Los empresarios se retraen, el cardenal vomita odio desde esa Iglesia que ya huele a podrido, los militares atacan cómo ciclopes y los medios de comunicación se han quedado sin saliva de tanto besar botas.

El dictador se esconde en la bodega de un banco y nada entre papeles desteñidos por los sueños mojados del reconocimiento internacional.

¿Y el pueblo? Pues en las calles luciendo libertad. En Honduras se conspira en todas las esquinas y los conspiradores son hombres y mujeres de todas las edades. Huelen a loción y a sudor. Leen de corrido o tartamudean pero no se les escapa una coma. Cantan y lloran, bailan (hasta los que no pueden) comen bien y comen mal, deben, pagan, trabajan. Son mal educados y otros no quiebran un plato. Rezan o se pelean a diario con Díos, a veces ambas cosas a la vez. Son ordenados o van sueltos. Son niñas y son niños, o están viejos y sonríen igual que los cipotes. Pero todos en general luchan. Sin miedo, Luchan!

El régimen toma pastillas contra la esquizofrenia por qué no quiere aceptar que las voces son reales. Que el murmullo ahora es mar y se estrella violentamente en el malecón de su guarida.

La guillotina ya está casi en su punto más alto. Y el mar exige justicia.

La gente los espera en las plazas. Los espera afuera.

Es para afuera que van.

Gerardo Torres

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