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Ivan Ergic, un marxista serbio en el Mundial de Alemania.

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Ivan Ergic, un marxista serbio en el Mundial de Alemania.

La Copa del Mundo no convenció al centrocampista para ver el fútbol, “un cuento de hadas para que los desfavorecidos no se quejen”, con otros ojos.

EL MUNDIAL Y LA POLÍTICA

“No hay diferencias entre un futbolista y un personaje de Disney” soltó Ivan Ergic, futbolista con pasaporte serbio y australiano, en una entrevista a Kurt Aeschbacher el año 2005 en la televisión suiza. Se recuperaba de una depresión que le había llevado a abandonar el fútbol a los treinta años, incapaz de soportar los clichés y estereotipos que sustentaban la industria balompédica, a la que reprochaba aprovecharse del sueño de chavales desfavorecidos para que enriquecer a los mismos oligarcas de siempre. Muy crítico con lo establecido, explicó que “cada vez importa menos lo que ocurre en el terreno de juego” para pasar a hablar “de las vidas privadas de los jugadores, a fomentar su imagen”, de forma que “una rueda de prensa es tan importante como un partido y, siguiendo una lógica hollywoodiense, separan a los jugadores de la realidad, mostrándolos en vallas publicitarias, televisiones, revistas o videojuegos: el jugador es un producto y el aficionado es un consumidor”.

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Ergic jamás se sintió cómodo interpretando el papel que el circo del fútbol esperaba de él. “El fútbol, como otros deportes altamente profesionalizados, sirve para entretener y para mostrar a las clases más pobres que tienen las mismas oportunidades que el resto de ser ricos y famosos” explicaba en la misma entrevista. “Es la manera más pérfida de ser explotados, no sólo con un propósito ideológico, sino como propaganda de un cuento de hadas donde se puede huir de la miseria y es así como la industria del fútbol se beneficia de aquellos que no pueden tener lo más básico, ese cuento de hadas sirve para engañar a niños que viven en la pobreza y que nunca podrán acceder a la educación que necesitan para ser médicos, abogados o banqueros y que no se quejarán por ello”. Ergic vivió el sueño pero no tardó en mutar a pesadilla.

Criado en Australia después de huir de la Guerra de los Balcanes, despuntó en el Perth Glory antes de dar el salto a la Juventus, que lo cedería al Basilea suizo en el que se consolidaría como jugador de alto nivel. Se midió al Barcelona de Leo Messi en la Champions League y hasta logró convertirse en internacional serbio. Era titular en el Basilea y su carrera no dejaba de crecer pero él no estaba satisfecho. En 2004 cayó en una grave depresión y tuvo que internarse en la Clínica Universitaria de Basilea durante cuatro meses. El mundo del fútbol se cebó en él y Ergic no hizo más que reforzar sus convicciones. “Para el fútbol es lo mismo ser homosexual que tener problemas psiquiátricos, ambas cosas son un tabú, y no debería” reflexionaba en la misma entrevista, un año más tarde, antes de profundizar en que “el fútbol es un espacio donde el machismo y esa virilidad mal entendida pueden llevar a la depresión al diferente porque todo aquel que no encaja en el modelo de futbolista profesional es apartado”. Aun así Ergic le dio una última oportunidad al fútbol. El Mundial de Alemania en 2006 iba a ser la prueba de fuego.

El seleccionador serbio, Ilija Petkovic, contó con él para disputar la Copa del Mundo pero el equipo no cuajó una buena actuación en el grupo de la muerte y no logró sumar ni un solo punto ante Argentina, Holanda y Costa de Marfil. Ergic disputó todavía algunos partidos más con la selección pero no tardó en pedir que no volvieran a convocarle, horrorizado por “el ultranacionalismo que rodeaba al equipo”, según relata el periodista Quique Peinado en Futbolistas de izquierdas. Ergic no tardó en entender que el origen de sus pesares tenía mucho que ver con el fútbol y en 2011 colgó las botas con treinta años recién cumplidos para abrir una nueva etapa como columnista del diario Politik. Su partido, hoy, es otro. “Hace ya ciento cincuenta años que Marx mostró las contradicciones del capitalismo y los males que el dinero provoca en el mundo y el fútbol no es una excepción pero yo me niego a ser un futbolista conformista” dijo en aquella misma entrevista. “Marx escribió que el capitalismo destruiría la naturaleza humana y daría paso a la alienación absoluta”. Ese es hoy el rival a batir por Ergic.

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