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Brasil: elecciones lectivas

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Brasil: elecciones lectivas

Brasil: elecciones lectivas

Por: W. Javier Fernández

La democracia representativa liberal es así: algunas veces se gana y otras la derrota impera, casi como jugar la chica los domingos. La diferencia es que en política, aparte del azar, existen condiciones que propician victorias y errores de los que no hay retorno pronto. Brasil ha elegido en el mismo sistema electoral que fue electo Lula y Dilma a Bolsonaro como presidente. Para desgracia de la Patria Grande, en la segunda vuelta Jair Bolsonaro obtuvo 57,797,466 votos (55.13%) y Fernando Haddad 47,040,859 votos (44.87%).

Todo el escenario electoral del pasado domingo fue diseñado con cautela y antelación por las transnacionales y oligarquía brasileña. A Dilma la destituyeron por algo que no pudieron probar; en su lugar, gobernó Michel Temer, vicepresidente de Dilma desde su primer mandato en 2010. Al iniciar su gobierno, él y sus funcionarios fueron acusados de varios delitos, entre ellos el escandaloso caso de corrupción de PetroBras. Él orquestó la conspiración para que el Senado destituyera a Dilma. Puede afirmarse que la política de alianzas del PT para sostener su gobierno lo llevó a una situación de debilidad frente a las fuerzas antidemocráticas y que nunca le perdonaron a Dilma ser la primera mujer en gobernar Brasil.

El expresidente Lula da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores y Foro de Sao Paulo, fue encarcelado mediante un proceso judicial ilegal por un delito creado mediáticamente. Por primera vez desde su fundación el PT participa en elecciones sin la dirección política de Lula. Los mercados sabían que tenían los millones de dólares, pero no los millones de votos, por eso encarcelaron a Lula. En otras palabras, lo condenaron a muerte; un señor de 73 años no puede resistir esa barbarie.

Sabido de sobra está que Bolsonaro representa el odio contra los negros, las mujeres, y la diversidad sexual. Mientras el candidato del PT refleja el respeto a la diferencia, la no criminalización del que decide o es diferente a uno y su incorporación en calidad de igual al pacto de nación. Sin embargo, Bolsonaro también simbolizó la impugnación a la crisis económica -que los mercados generaron en Brasil- y una alternativa moral al PT. Sí, realmente es un disparate pensar esto sí se le escucha cualquier intervención pública, o se piensa en qué hizo estos 27 años como diputado, o si se observan sus aliados políticos, o con ver la fotografía de la papeleta deberían de levantarse sospechas de su bondad. Nunca participó en un debate presidencial para defender su programa de gobierno. De forma desafiante lo que hizo fue comparecer en las televisoras evangélicas paralelamente al momento en que se desarrollaba el debate presidencial. Anteriormente, ya se había bañado de evangélico pentecostal cuando fue a Israel a bautizarse y cambiar el nombre a “Jair Messias Bolsonaro”. Lejos de criticar el movimiento religioso neopentecostal y pentecostal habría que preguntarse como conformaron tanto poder social y político para ser el bastión del movimiento electoral del nuevo presidente de Brasil, y como derrotaron a la teología de la liberación en su país de nacimiento. Porque donde el Estado Brasileño que gobernó el PT no llegó una iglesia dirigía la recomunitarización, y muchas veces los pastores se hacían millonarios a costa de sus congregaciones. Donde un teólogo de la liberación desaparecía un pastor evangélico hablaba sobre la salvación para el juicio final, le ayudaba resolver problemas económicos y psicológicos inmediatos, les decía que odiar a los negros no estaba mal y que la campaña feminista de “Él No” era del diablo. No obstante, algunas iglesias pentecostales se salen de la matriz general, pregonan amor a las personas socialmente diferentes y creen en el Dios que no desampara al pobre ni al menesteroso.

Las batallas políticas en campaña electoral cada vez son menos visibles. Como los reaccionarios siempre hacen campañas en base a mentiras e inventos perniciosos tuvieron que buscar donde tenían más libertad para su campaña de patrañas. Las prohibiciones de “fake news” en Facebook los llevaron a Whatsapp, más de 100 millones de personas usan a diario Whatsapp y más del 60% de los seguidores de Bolsonaro compartían las fake news de la campaña de odio. La campaña de Haddad fue sobrepasada en redes digitales-sociales, esta vez en Whatsapp. Esa fue una de las estrategias para ganar Sao Paulo, donde la inmensa mayoría de los votantes utilizan whatsapp. Lo que significó 15,306,023 (67,97%) de votos a favor de la mediocridad organizada de Messias Bolsonaro y 7,212,132 de votos (32,03 %) para el exalcalde de Sao Paulo, Haddad. Esta derrota en Sao Paulo duele más si nos acordamos de que fueron los trabajadores y trabajadoras de esa ciudad quienes a inicio de 1980 constituyeron la piedra angular para forma el Partido de los Trabajadores.

Sin espacio a titubear, la derrota del PT en Brasil es la culminación de una oleada progresista, no de la historia de la revolución brasileña. Todas las fuerzas reaccionarias brasileñas, latinoamericanas, y transnacionales convergieron para derrotar a Lula y el PT. Fiel a su estilo retrograda acudieron a violar garantías constitucionales, irrespetaron el Estado de Derecho, dieron un golpe de Estado técnico, etc. Con toda esa ofensiva internacional y nacional encima el PT pudo sumar en menos de un mes más de 16 millones de votantes, mientras que Bolsonaro solo subió alrededor de 8 millones.
La revolución social y política brasileña sabe de resistir y crecer en los desiertos del neoliberalismo. Cuando en 1990 todo lo concerniente al campo socialista se derrumbaba, en Brasil Lula fundaba el Foro de Sao Paulo, madre de la integración latinoamericana del siglo XXI, y dirigía una poderosa fuerza subterránea municipalista que innovaba en la democracia participativa. Bajo el auge del sufrimiento en el neoliberalismo el PT y los movimientos sociales supieron construir una fuerza política capaz de gobernar y sacar a decenas de millones de personas de la pobreza, y contribuir a la integración de la Patria Grande. El MST ya ha señalado el camino: amar, resistir, revolucionar. El primer paso debe ser liberar a Lula.

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