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El estremecedor relato de un futbolista afgano: “Mi familia y yo queremos vivir”

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El estremecedor relato de un futbolista afgano: “Mi familia y yo queremos vivir”

El estremecedor relato de un futbolista afgano: “Mi familia y yo queremos vivir”

Afganistán vuelve a centrar todas las miradas del planeta. El derrocamiento del gobierno por parte talibán en apenas unos días y, sobre todo, la salida abrupta de Kabul de todos los diplomáticos ha asombrado a la comunidad internacional. ¿Qué va a suceder ahora en el país asiático? ¿Volverán al régimen ultra islámico que gobernó entre 1996 y 2001? ¿Qué le sucederá a la mujer? Y, en lo que nos toca, ¿qué ocurrirá con el fútbol?

Un futbolista afgano de primer nivel, residente en una ciudad tomada al completo por los talibanes desde hace varios días. Para pulsar el ambiente de estas primeras jornadas de ‘cambio gubernamental’, en una charla con él, donde, de entrada, explicó bastantes bondades del incipiente régimen talibán que está volviendo a tener el país asiático.

«Creo que vamos en la dirección correcta hacia la paz. Ahora mismo en mi ciudad todo está en orden en las manos de los Talibanes, quienes no han puesto obstáculos a la vida normal por el momento», contaba.

Su única preocupación por el momento era -parecía- sobre el fútbol: «Espero que los talibanes, desde el poder, no se metan mucho en la Federación afgana de fútbol (AFF), puesto que esto incurriría en sanción de la FIFA y nunca querríamos eso».

Su preocupación viene dada por la estricta normativa que tiene la FIFA en cuanto a separación clara y efectiva de los órganos gubernamentales de la nación y la Federación de fútbol. No puede haber conexión alguna.

La realidad sale a la luz a lo largo de la conversación sorprende lo ‘maravilloso’ que parece todo en Afganistán. Sin embargo, en cuanto la conversación llega al final, aparece el primer mensaje que no casa con lo anterior: «Mi familia y yo lo que queremos es vivir en un sitio de paz y tranquilo y eso, por desgracia, sólo se puede encontrar en el extranjero.

Aquí nadie nos puede prometer esas simples condiciones. Lejos de pedirle limosna, le pregunto, ¿hay algo que pueda hacer usted por nosotros?».

A partir de ahí, la conversación cambia. El tono cambia. A cambio de un completo anonimato en el artículo, el interlocutor se abre: «Tengo mujer y he sido padre hace 15 días de una niña preciosa. Su futuro ahora mismo es lo más importante para mí. Lo que quiero es que ella no tenga que ver este tipo de situaciones cuando crezca en este país. Además, he perdido 20.000 dólares en estos días de guerra y estoy en busca de 5.000 dólares para poder viajar con mi familia a Irán».

Agregó: «La realidad es que todo está tranquilo y la vida sigue, de momento, pero nuestras sensaciones no son buenas y el miedo es constante. La semana pasada nadie se atrevió a salir a la calle, pero ahora la gente ya ha empezado a hacer una vida más o menos normal. En realidad, lo que más me sigue preocupando es el futuro de mi niña recién nacida. Si usted me puede ayudar de algunas manera, nunca le olvidaré. Tanto mi familia como yo necesitamos ayuda en esta situación. Ojalá pueda hacer algo», concluye su explicación. De momento.

La historia del interlocutor podría ser la de muchos afganos en estos momentos. La tranquilidad y ‘transición’ que se está dando con cierta normalidad no parecen lo suficientemente fuertes para ellos, por mucho que quiera darse esa imagen al exterior. El tiempo y la historia acabarán juzgando estos días de incertidumbre en un país tan castigado como Afganistán. De momento, aquí está la visibilización de su historia. La de tantos otros.

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